Discurso del Presidente Federal, Horst Köhler, con ocasión de la recepción de Año Nuevo ofrecida al Cuerpo Diplomático
13.01.2010Berlin
"Les doy mi más cordial bienvenida al Palacio de Bellevue.
Las felicitaciones de Año Nuevo son parabienes, expresiones de buenos deseos. A lo largo y ancho del mundo las gentes se dan parabienes de dicha y felicidad. Es un momento de comunión en todas partes.
Para multiplicar la dicha hay que compartirla. El siglo XX nos deparó a los alemanes dos oportunidades históricas: en 1949 la oportunidad de volver a empezar tras la catástrofe y en 1989 la oportunidad de la unificación tras la caída del Muro de Berlín. El año pasado millones de alemanes celebramos en compañía de nuestros amigos de todo el mundo la dicha de los sesenta años de existencia de la República Federal de Alemania, la dicha de los sesenta años de éxito de la democracia, la paz y la prosperidad.
Este nuevo año nos depara ahora la suerte de celebrar otra dicha maravillosa: los veinte años de la Unidad Alemana. Primeramente fueron los habitantes de la desaparecida RDA quienes conquistaron su libertad y luego todos juntos hicimos realidad el sueño de la unidad, y todos juntos podemos compartir esa dicha.
La voluntad de progreso y la solidaridad han dado sus frutos. Los esfuerzos han merecido la pena. Los Länder orientales han conseguido muchos logros, desde la creación de infraestructuras avanzadas hasta la rehabilitación de los centros urbanos y la reparación de los daños ambientales. Pero también hay gente decepcionada y se plantean nuevos interrogantes, por ejemplo en relación con el persistente éxodo de los jóvenes de Alemania oriental.
Por supuesto que Alemania se ve confrontada con grandes retos. Baste mencionar algunos factores clave, como son el cambio demográfico, la transformación ecológica o la deuda pública. Yo soy optimista respecto al futuro de nuestro país. En la crisis actual la economía alemana ha demostrado solidez y capacidad de renovación. Nuestra juventud es curiosa y tiene voluntad de aprender. La política funciona bien.
Por cierto que precisamente en Alemania oriental hemos hecho una constatación interesante. Aquello que en la fase de reconstrucción se tuvo por obstáculo, a saber, el predominio de las pequeñas y medianas empresas en el tejido económico de esas regiones, resultó ser una ventaja ante la crisis y sirvió para amortiguar el desplome económico. Ello nos evidenció que las empresas que no dependen tanto de las exportaciones y están eficazmente integradas en los circuitos económicos regionales pueden operar como ancla de estabilidad.
Para los líderes políticos alemanes la unidad de Alemania y la unificación de Europa siempre fueron las dos caras de la misma moneda. El 1 de diciembre de 2009 entró en vigor el Tratado de Lisboa. Fue un día fausto para Europa y, a mi juicio, también para el mundo. Ahora la clave estriba en dar vida al Tratado y seguir avanzando en la integración de la Unión Europea. Entre otras cosas, el Tratado refuerza en buena medida la capacidad de actuación de la Unión en el plano de la política exterior y de seguridad. Nos ayuda a los europeos a cumplir mejor con nuestras responsabilidades ante los retos de alcance global. Lo que está en juego es erradicar la pobreza en el mundo, preservar el medio ambiente, salvaguardar la paz. Europa puede y debe implicarse más en una política mundial de signo cooperativo.
Esperamos y deseamos que la Conferencia sobre Afganistán que se celebrará a finales de mes en Londres arroje resultados convincentes. Nuestras y nuestros soldados y los efectivos de las naciones aliadas con nosotros libran una difícil batalla bajo mandato de las Naciones Unidas, por nuestra propia seguridad y por la vigencia de los derechos humanos universales. Estoy agradecido a las y los soldados y a todos los cooperantes por el empeño con que desarrollan su cometido.
¿No queremos todos un Afganistán en el que imperen los derechos humanos y que sea capaz de marcar por sí mismo su senda hacia el futuro? ¿Disponemos ya de un plan preciso y detallado así como de la fuerza y determinación necesarias para conseguir que Afganistán pueda realizar esos objetivos de manera permanente y duradera?
En lo atinente a la crisis económica y financiera aún por superar, cabe señalar lo siguiente: También en ese orden de cosas necesitamos un mayor grado de cooperación y más determinación para implantar un orden de los mercados financieros internacionales dotado de mayor eficacia. Un orden que, hasta donde la previsión humana pueda llegar, impida que se repita lo que estamos soportando en la actualidad. Un orden de libertad que salvaguarde el primado de la política también en los mercados financieros internacionales. Y además están en juego cuestiones morales. Cómo vamos a confiar en que la crisis se está gestionando seriamente si los propios actores privados de los mercados financieros no entran en razón, si no se exigen a sí mismos mesura y contención en aras del bien común.
También el capítulo de la cooperación para el desarrollo plantea cuestiones de credibilidad. En estos momentos lo que más urge es llevar por fin a buen puerto, al cabo de diez años, la ronda de negociaciones de Doha sobre el comercio mundial. Hay que conseguirlo para generar confianza a nivel mundial, para demostrar que en la lucha contra la pobreza nos tomamos en serio la apuesta por la ayuda orientada hacia la autoayuda.
Fueron muchos los que cifraron sus esperanzas en la Cumbre del Clima de Copenhague. Pero también la decepción puede ser acicate. Espero que la Unión Europea no abandone sus ambiciosos objetivos de reducción de las emisiones de dióxido de carbono. Alemania desde luego que no cejará en su empeño. Abrigo el convencimiento de que justamente también en este ámbito el liderazgo a través del buen ejemplo rendirá sus frutos: en forma de una transformación más veloz y más eficaz de la economía y la sociedad en Europa, que generará nuevos ingresos y puestos de trabajo y en definitiva se traducirá en un mayor bienestar de sus ciudadanas y ciudadanos.
Y yo cuento con la prudencia de los nuevos actores globales, por cuanto saben que a la postre nadie puede hallar su propia dicha sin tener en cuenta los intereses de los demás. Si pensamos el futuro a conciencia y nos unimos para prevenir, si con espíritu de justicia reconciliadora buscamos soluciones cooperativas susceptibles de ser compartidas por todos y que redunden en provecho de todos, podemos modelar la globalización con rostro humano. El foro central a este propósito son las Naciones Unidas. Por eso les ruego, señoras y señores, que sigan respaldando los esfuerzos encaminados a resolver los problemas globales de la humanidad y la reforma y el fortalecimiento de las Naciones Unidas.
Señoras y señores, en 2010 se celebrará por primera vez un campeonato mundial de fútbol en el continente africano, en Sudáfrica. Este evento deportivo brindará a mucha gente la oportunidad de descubrir África. Descubrirán una África llena de vitalidad y diversidad, de la que los europeos podemos aprender más de una cosa, por ejemplo cómo enfrentar una historia frágil, un desarrollo frágil, pero sobre todo aquello que, más allá de las promesas de bienestar material, nos puede servir de guía y ayudar a encontrar sentido y, de ese modo, hacernos dichosos. Y encima juegan divinamente al fútbol. Aguardo con expectación la final entre Alemania y un equipazo africano.
Vayan mis mejores deseos para sus pueblos, sus jefes de Estado, ustedes mismos y sus familias. ¡Mucha dicha!"
